En este momento estás viendo Equinácea | BENEFICIOS Y APLICACIONES

Equinácea | BENEFICIOS Y APLICACIONES

El nombre Equinacea corresponde a un género de plantas herbáceas de unos 60-100 cm de altura. Las hojas son enteras, largas y lanceoladas, con el haz de color verde intenso y pelo algo áspero por ambas caras. Sus capítulos florales son hemisféricos, grandes y solitarios y crecen en los extremos de los tallos. En el centro, las flores son tubulosas y en la periferia liguladas. Su color oscila de violeta a púrpura dependiendo de la especie. La raíz es de color pardo grisáceo con estrías.

Es una planta originaria de las praderas de las regiones centrales de Estados Unidos, en las que su utilización se remonta a varios siglos. Existen varias especies y variedades de equinácea, pero solamente tres de ellas son utilizadas con fines medicinales: E. angustifoliaE. Pallida y E. purpurea.

Los nativos americanos fueron los primeros en utilizar la equinácea con fines curativos. Por vía tópica la aplicaban para el tratamiento de heridas, picaduras de insectos y mordedura de serpiente. En aplicación por vía oral, para el tratamiento del dolor, molestias de estómago, resfriados, sarampión y gonorrea. Los colonizadores europeos aprendieron las propiedades de la equinácea de los indios y la incorporaron dentro de sus medicamentos habituales, de manera que en el siglo xix era la droga más ampliamente utilizada en Estados Unidos.

En 1930, el Dr. Gerhard Madaus, fundador de Laboratorios Dr. Madaus de Alemania, trajo las primeras semillas a Europa y, a partir de entonces, la mayor parte de las investigaciones realizadas sobre la clínica y farmacología de esta droga ha sido conducida en Europa. De hecho, si bien todas ellas son originarias del Norte de América, en la actualidad se cultivan en la zona centroeuropea, principalmente E. purpurea.

Composición química

La droga la constituyen las raíces y las sumidades floridas de E. angustifoliaE. pallida y E. purpurea. Sus principales componentes son polisacáridos heterogéneos y glucoproteínas (4-O-metil-glucuronil-arabinoxilosanos, arabinoramnogalactanos), ácidos fenólicos libres (ácido cafeíco, achicórico, ferúlico, clorogénico), ésteres del ácido cafeíco (equinacósido y verbascósido), flavonoides (rutina, quercitrina, kenferol), alcaloides pirrolizidínicos (tusilagina e isotusilagina), poliínos e isobutilamidas. En la parte aérea contiene aceite esencial rico en borneol, acetato de bornilo, cariofileno, etc.

La identificación analítica de los componentes de la equinácea, sobre todo los análisis por HPLC, han demostrado que las tres especies de equinácea presentan diferencias respecto a sus principios activos. Incluso dentro de la misma planta se encuentran diferentes compuestos según los órganos de que se trate. También tiene importancia el disolvente que se utilice para obtener el extracto.

Así, E. angustifolia y E. pallida, a diferencia de E. purpurea, contienen equinacósido, éster con actividad antibacteriana y antiviral, pero no actividad inmunoestimulante. Además, en E. angustifolia aparece cinarina.

E. pallida contiene como principio mayoritario ácido achicórico, que también está presente en E. purpurea. Este ácido, in vitro, ha demostrado tener actividad estimulante de la fagocitosis y un papel importante en la inhibición de la hialurodinasa.

La fracción acuosa de los polisacáridos, in vivo e in vitro, han demostrado propiedades inmunoestimulantes con la estimulación de macrófagos y con la protección contra infecciones de cándida y listeria. Las glucoproteínas tienen actividad estimulante de linfocitos B e inducen la liberación de interleucina 1 en los macrófagos.

Beneficios y Aplicaciones

La equinácea pertenece al grupo de los inmunomoduladores. Éstos se caracterizan por influir de formas muy diversas, cualitativa y cuantitativamente, sobre las células inmunocompetentes (granulocitos, monocitos, macrófagos, linfocitos). A través de ellos, activan determinados mecanismos de protección frente a agentes extraños tales como virus, bacterias, etc.

En distintos ensayos clínicos se ha probado la eficacia inmunomoduladora y antiviral de la equinácea, aunque no se ha podido establecer con claridad las indicaciones terapéuticas, formas de administración y dosis a administrar. Sin embargo, no existen evidencias de que su uso prolongado sea efectivo, probablemente sólo estimule el sistema defensivo a corto plazo.

En ensayos in vitro sobre granulocitos humanos se ha comprobado que el extracto de equinácea produce un aumento de la fagocitosis de un 23%. También se produce un aumento en la producción de factor de necrosis tumoral, interferón beta e interleucinas 1, 6 y 10.

Asimismo, contribuye a reparar parcialmente los tejidos afectados por la infección, a través de inhibición de la actividad de la enzima hialuronidasa tisular y bacteriana. Esta enzima constituye parte del mecanismo primario de defensas, que incluye sustancias del tejido conectivo como el ácido hialurónico, actuando como una barrera contra organismos patógenos.

Algunos microorganismos activan la hialuronidasa, que comienza a destruir la integridad del ácido hialurónico, lo que debilita las barreras y permite la penetración de los microorganismos, que invaden y se adhieren a las células expuestas, penetran las membranas y matan las células afectadas.

La equinacea inhibe la acción de la hialuronidasa uniéndose de alguna manera a esta enzima, lo que resulta en una mejoría temporal de las barreras, de manera que un menor número de patógenos puede estimular la destrucción de las barreras.

En un principio, se atribuyó la actividad inmunoestimulante a la fracción polisacárida de la equinácea, pero, actualmente, se considera que la acción de la equinácea no es debida a un solo principio activo, sino que el ácido achicórico, las alquilamidas y las glucoproteínas, junto con los polisacáridos actúan sinérgicamente siendo los responsables de esta actividad.

Por otro lado, en ensayos in vitro también se ha demostrado que las isobutilamidas y los polisacáridos ejercen un efecto antiinflamatorio debido a la inhibición de la ciclooxigenasa y de la 5-lipooxigenasa. Se ha comprobado que la intensidad de esta acción es ligeramente inferior a la de la indometacina.

Asimismo, la Equinácea presenta una actividad cicatrizante, favoreciendo la formación del tejido de granulación responsable de la curación de las heridas. Estimula la proliferación de fibroblastos responsables de la regeneración de los tejidos y formación de cicatrices.

Forma de administración y posología

Se administra, por vía oral o tópica, en forma de droga pulverizada, zumo obtenido por expresión de la parte área, extracto fluido o seco y tintura.

La dosis del jugo recién exprimido es de 2 a 3 ml tres veces por día. Otras formulaciones para uso oral deben suministrar el equivalente a 900 mg de equinácea por día.

La mayoría de los expertos recomienda de 6 a 8 semanas como duración máxima de tratamiento.

Precauciones especiales

Aunque existe muy poca información toxicológica acerca de la equinácea, se considera que esta planta es segura cuando se administra según las dosis recomendadas.

De todos modos, su uso está contraindicado durante el embarazo y la lactancia debido a la ausencia de datos que avalen su seguridad.

Bibliografía general

Alonso MJ. Fitoteràpia. Inmunomoduladors. Circular Farmacéutica (COF de Barcelona) 2001;59(1):40-4.

Arteche A, Vanaclocha B, Güenechea JL. Fitoterapia (3.ª ed.). Vademécum de prescripción. Plantas medicinales. Barcelona: Masson, 1998.

Bruneton J. Elementos de fitoquímica y farmacognosia. Zaragoza: Acribia, 2001.

Carretero E. Compuestos fenólicos. Panorama Actual del Medicamento 2000;24(232):340-4.

Kuklinsi C. Farmacognosia. Barcelona: Omega, 2000.

Peris JB, Stübing G, Vanaclocha B. Fitoterapia aplicada. Valencia: COF de Valencia, 1995.

Redondo L. La equinácea purpúrea. Revista de Fitoterapia 2000;1:15-24.

Deja una respuesta

8 − seis =

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.